Lectura de poemas en ABRIL CAFÉ DE LA LIBRERÍA


Presentación de MOVIMIENTOS



Podríamos decir que cuando un autor presenta un libro, el libro mismo lo presenta, sugiere quién viene siendo, qué aconteció en él cuando la escritura se hizo cuerpo en su ser, en su espíritu. Porque quizás esto ocurrirá, del autor que hoy nos acompaña solo quiero decir que su infancia lo sorprendió gratamente en los paisajes del norte de Antioquia, que de niño se enredaba en el barro que era más que una tierra viscosa; era, desde ese tiempo, un pedazo de universo donde se fue amasando la versatilidad de su inventiva, de su imaginación; las tierras campesinas que lo abrazaron aún son la morada de sus días. Hoy están, entre nosotros, sus movimientos, tus movimientos. Y en ellos, la memoria de tu madre que, aunque ya no está, sigue tan presente como cuando caminaba contigo de la mano en medio de una paisajística arrobadora, de esos tiempos en que los colores de la tarde revelaban la acuarela de un pintor invisible. También se sienten en este espacio las manos generosas de tu padre, el que abraza sus montañas porque en esa fusión está la conexión con el universo que quiere para ti. Y en ese pasado, en ese presente, en esa geografía que es también la del corazón está la persistencia de la vida en su saludable y obstinado movimiento, el movimiento de la escritura. ¿Y escribir para qué? Dices en uno de tus versos, “escribir para ofrendar al tiempo que nos consume lo que tan difícilmente hemos aprendido”.

Por Erica Areiza Pérez, docente de la Universidad de Antioquia





Poema XXXIII




Poema XXXIII

Pero en ocasiones ninguna caricia llega hasta el alma
- Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano

Fue precisa la vida.
Viniste a soñar algunos sueños,
a trabajar las estrellas en el campo,
a mirar la tarde con los ojos de tu padre,
a tejer la noche con la voz de tu madre.
Viniste a sonreír, discreta y silenciosa.
No leíste a Whitman, pero tus dedos
acariciaron la piel de una flor agradecida.
Tu alimento fue el blando pan de los años:
amar, ser amada, habitar una casa, cultivar un jardín.
Viniste a ser luz, como tu nombre,
y entre el aire palpitaron tus pechos
cuando yo era el bálsamo de tu cuerpo.
Viniste  cruzar un puente,
a contemplar la tristeza de un atardecer cualquiera.
Viniste, joven, a recorrer la casa de techo rojo.
Allí el agua jugaba con la medialuna
y un fruto maduro alimentaba nuestra fatiga.
Viniste a enseñarme esa música de las cosas,
y que el mundo porta un lenguaje
de agua que fluye, de viento que pasa,
de fuego que arde.
Viniste con los ojos abiertos
para aprender a cerrarlos un día.

Ahora, esa luz de tu nombre,
ese vuelo de tus pájaros,
ese verdor de tus plantas,
se aquietan en la sombra de la página.
Yo tengo que inventar el modo
de ser gesto, palabra, piedra, hoja;
tengo que aprender a ser para que tú vuelvas a ser.

La hora interior en la Librería Grammata: La novela de Gengi, de Murasaki Shikibu


La Hora Interior en la Librería Grammata: El peso de una llama


Diálogo con Vincent Van Gogh



Diálogo con Vincent Van Gogh
- Wilson Pérez Uribe

Van Gogh,
la pintura es un movimiento
frágil y único.
Un trazo, una pincelada,
son gestos de la memoria.

Van Gogh,
en tus cuadros
veo un sol poniente
morir sobre los campos.
Allá tus manos
dibujaron en el aire el nosotros, el tú, el mí.

Van Gogh,
el arado sobre la tierra
es la patria de un hombre
que nos mira desde su cansancio.

Tú pintaste, entre la línea, el color, la luz, la sombra,
la madurez de la vida
en ese espejo fiel
de un puñado de hojas.

Van Gogh,
pintar, a veces,
es un dejarse ir,
es un abandonarse.
Pintar es darle palabras a la mirada,
es un inventar el mundo
cada vez que algo muere.

La hora interior en la Librería Grammata. Segunda lectura: Jin Ping Mei