Booktrailer MOVIMIENTOS


MOVIMIENTOS, libro de poesía en prosa, próximo a ser publicado en la Editorial Universidad de Antioquia.
Wilson Pérez Uribe, 2017

Biografía del corazón




Duele tanto el mundo
para los ojos del poeta.
Hoy sostienen mis dedos
la palabra que te evoca, madre,
y solo alcanzo a decir,
con la inseguridad de un sol
que se duerme en las hojas,
que agradezco a tus manos
el tacto sanador en días aciagos.
A veces te miraba,
y sin saberlo, llegué
a admirar en ti el esfuerzo
por hacer de cada acto
una obra de arte.
El amor es un misterio.
Cuántas fueron las noches
en que, a solas, aprendía
a dibujar las constelaciones
con los dedos en el aire.
Tú lo sabías, madre, y yo
te enseñaba esas líneas
de estrellas y algo en ti
ardía en emoción.
Fuiste muy discreta,
muy silenciosa. Nosotros
aceptábamos esa música serena
que solo tú sabías interpretar.
El mundo que aprendimos
de tus palabras tienen el color
de una sola memoria:
las flores adoradas por el sol,
las visitas a la casa de los abuelos,
los regalos de navidad,
la protección si enfermábamos,
el “se cuida”, el “la virgen lo acompañe”,
los consejos precisos
cuando más los necesitábamos,
la escucha, la serenidad,
el ingenio ante la cocina,
la taza de café compartida,
las llamadas a deshoras,
el orden en la habitación,
la siesta obligada al mediodía.
Pero hoy no entienden las nubes
el año de tu ausencia.
Pero cura más la herida
el saber que desde el cielo
aún sueñas los sueños
que hoy, nosotros, los tuyos,
soñamos.
Se preguntan tu casa, tus amigos,
tus pocas prendas de vestir,
tus herramientas laboriosas,
desde qué lugar nos miras
y nos sonríes.
Pero cada cosa es memoria
y tejido de lo vivido.
Cada cosa que tocaste:
mis manos, mis ojos,
mis libros, mis cuadros,
mi cama. En ellas
hay una fragancia,
una presencia, una sospecha.
Es tu tacto que de vez en vez
vuelve a posarse sobre lo querido.
Siento, madre,
qué rápido pasan los días,
qué ágiles se escriben
las páginas de nuestra íntima biografía.
Siento, a veces,
que descansas frente
a un paisaje de costas blancas
bajo un rápido amanecer.
Siento, a veces,
que puedo escribir
porque tus palabras
son ese abrazo ancho y largo
que nunca me abandona.
Escribo en la ausencia de ti
porque luz eres, luz, ritmo,
espera, madurez, música.
Escribo la luz de tu nombre
para escribirte a ti, madre,
y hacer de nuestro pan cotidiano
ese libro donde la vida ya es
misterio, amor, sencillez, gratitud.

Poemas de El Astrófilo en la Revista Suma Cultural



Fuente: Revista Suma Cultural

La escritura como sueño creador en El libro del desasosiego de Fernando Pessoa



La escritura como sueño creador en El libro del desasosiego de Fernando Pessoa


Un ensayo en fragmentos de Wilson Pérez Uribe

Leer en:

Literalidad

Revista de Poesía, Literatura, Cine y Teatro



La madeja y la estrella II VIII Poner orden a las cosas


La madeja y la estrella II

-Retratos de familia-

VIII
Poner orden a las cosas, desempolvar el espejo para que cada una observe su rostro diverso: el piano es un gato que se ovilla en lo más alto del tejado y ronronea. Los árboles son estatuas que se aquietan para que la luz descubra en ellos sus secretos. La música es una brújula que siempre señala hacia adentro. La noche es una hoguera distante. La memoria es una casa siempre abierta. La pintura es una tinta sin nombre; pintamos sobre una superficie para descubrirlo. El río es una barca sobre la cual viaja el tiempo. El mundo solo es una palabra de cinco letras. Las palabras son sombras que se posan sobre las cosas para que puedan ser nombradas.

La madeja y la estrella II: VII No tengo más palabras para ella


La madeja y la estrella II

-Retratos de familia-

VII
No tengo más palabras para ella que no sean un lápiz desgastado o un libro de páginas mal escritas. No tengo más palabras. A ella la resumiría en el silencio, esa otra voz que el viento pronuncia al agitar las hojas del guayacán. Retorno a los lugares comunes: tierra sin arar, habitaciones de la casa, sillas delante del crepúsculo, y no encuentro la sombra de su cuerpo. No tengo palabras, no las poseo: ella me enseñó que la tristeza es un río que danza en la memoria y que la voz de la infancia es una llama que no nos atrevemos  a apagar.

La madeja y la estrella II: VI Vuelvo a las viejas fotografías


La madeja y la estrella II

-Retratos de familia-


VI
Vuelvo a las viejas fotografías conservadas en un armario de uniforme talladura. Descubro la tierra herida con soles amargos. Comprendo, una vez más, que el poema bebe de esa agua turbulenta donde los años eran una vasija de arcilla y un techo de caña apilada. De mano en mano van pasando esos breves instantes, hoy páginas imborrables en la memoria: las paredes de la casa estaban pintadas con cal; el techo, las ventanas, los postes, eran materia frágil para la adoración de las noches azules. El corredor, la senda de pinos y eucaliptos, el seto, las piedras dispersas: yo acumulé esos dones en la casa de la mirada, hoy los suavizo en su textura de polvo recordado. Hubo una vez en que esas humildes presencias, sin adornos vanos, significaron la corta vida que perdí y que hoy recupero.